Transgénicos: El daño que causan los alimentos modificados genéticamente

Si durante 30 ó 40 años acojemos en nuestro cuerpo un material alimenticio extraño, nuestra estructura genética no se transformará de forma natural, sino de forma artificial. ¿Qué sucede por ejemplo con el nivel de los sentimientos?

Imagen de Juan Lama Ortega
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24 de Enero, 2013 10:01

Las personas de forma instintiva nos distanciamos de los alimentos genéticamente manipulados, esto es porque no estamos seguros de lo que sucederá en nosotros una vez consumidos. Cualquier alimento  que tomamos es reducido por el organismo para obtener sustancias combustibles, vitaminas, oligoelementos, hasta llegar al punto más pequeño, las partículas elementales como fragmentos de proteínas o partículas que el cuerpo necesita, y que luego se forman de nuevo en nuestra sustancia física propia. Si ahora tomamos un alimento genéticamente manipulado, acogemos estas partículas que han sido transformadas, que se introducen prácticamente en nuestro código genético. Una transformación de este tipo, no es que tenga que producir un cambio, pero puede producir un cambio, y los alcances no los podemos imaginar.

¿Pero qué pasa cuando una persona o un animal come alimentos genéticamente transformados? Habría que decir que cuando los animales tienen la posibilidad de elegir, no eligen los alimentos manipulados. Se han publicado ineresantes estudios al respecto. Por ejemplo antes de lanzar al mercado una variedad de tomates genéticamente manipulados, se experimentó con ratas para ver sus posibles efectos nocivos, y estas los rechazaron a pesar de que suelen comer tomates con gusto. Entonces con sondas se les introdujo tomates en el estómago, y en un plazo de 2 semanas murieron 7 de 40 ratas. O en el caso de un granjero de Iowa que cultivó maíz convencional y maíz genéticamente transformado. Y luego pensó probar con sus vacas, puso en un pesebre maíz convencional en un lado, y en el otro lado maíz genéticamente transformado. Desde fuera eran iguales. Las 25 entraron vacas al establo y sólo se comieron el maíz convencional, y al acabar, miraron el maíz manipulado, lo mordisquearon y lo dejaron. 

Los seres humanos hemos perdido ese sentido natural para distinguir los alimentos, necesitamos una etiqueta que detalle qué ingredientes contiene el producto adquido y donde se diga: este alimento está genéticamente transformado o no lo está. Pero cada vez son más quienes no quieren productos genéticamente transformados. ¿Por qué?, ¿Hay acaso pruebas de lo que tal vez producen en nuestro cuerpo los alimentos genéticamente transformados? La respuesta es que se desconoce el alcance o la repercursión en el cuerpo humano. 

Nuestros genes están también relacionados de alguna forma con nuestra alma. Es como una sintonía de vibración. La persona se encarna en un cuerpo que se adecua a su estructura anímica. Ahora bien si durante 30 ó 40 años acojemos en nuestro cuerpo un material alimenticio extraño, nuestra estructura genética no se transformará de forma natural, sino de forma artificial. ¿Qué sucede por ejemplo con el nivel de los sentimientos? ¿Estoy aún en condiciones de sentirme a mí mismo, o de sentir qué alimentos tengo que tomar, y cuáles no ? algo que los animales pueden hacer.

Dios nos dio la Tierra, creó la naturaleza y nos dió alimentos con los cuales hemos vivido sanos desde hace miles de años, sin embargo ahora de pronto, creemos poder mejorar la Creación de Dios y ponernos por encima de El sin saber el alcance de nuestras intervenciones. Posiblemente lo que hayamos echado a rodar sea como una avalancha, como un alud que no podremos detener. ¿Qué ocurrirá si dentro de unos años se puede demostrar que todo esto fue una equivocación? ¿Qué dirán entonces los científicos? 

Ése es el motivo por el cual los cristianos originarios tenemos una forma pacífica de cultivar la Tierra, libre de tecnología genética y también exenta de venenos agrarios y abonos artificiales, también sin una explotación ganadera. Y todo simplemente porque apreciamos a la madre Tierra, porque la cuidamos y no la queremos manipular.

El cultivo pacifico de la tierra de nuestras granjas ha vuelta a la unidad con la naturaleza. Pues pertenece al conocimiento ancestral de la humanidad el hecho de que las plantas son seres vivos con los que se puede hablar en pensamientos y palabras. Todo lo que se daba por hecho en los pueblos aborígenes la moderna industria agraria lo ha olvidado. Esta trata a la fruta y a la verdura sin respeto alguno, como materia que se puede manipular genéticamente, tratar con insecticidas y pesticidas y arrojar al mercado sin consideración alguna con la salud del consumidor. 

www.radio-santec.com

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