¿Quién fue Adolf Hitler?: La Raíz del mal

El primer perfil psicológico de Hitler, lo describía como un neurótico, paranoico, histérico y esquizofrénico que acabaría suicidándose si perdía la guerra, tal como ocurriría más tarde.

Imagen de Natan Olivos Nuñez
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15 de Abril, 2013 14:04
Adolf Hitler

Austríaco de nacimiento, Adolf Hitler, aprovechó un período de crisis económica, social y política, acentuada por los efectos de la Gran Depresión de 1929 y el descontento y frustración popular en Alemania (consecuencia de la derrota en la Primera Guerra Mundial) y estableció un sistema político basado en el culto a su propia personalidad.

Su elección fue ratificada por gran parte de Alemania quienes le aclamaron y lo siguieron a la guerra.

Según algunos expertos, parte de la personalidad de Hitler se forjó durante la Primera Guerra Mundial, “Aquellos años influyeron mucho en su psicología. En el frente se deshumanizó y desde entonces no hizo otra cosa que buscar culpables; se obsesionó con dar la vuelta a la historia” señala Ian Kershaw, uno de los historiadores británicos más destacados en esta materia.

Sin embargo, quizás la raíz del mal se encuentre más atrás aún, en su infancia.

Hitler nació en Braunau, una pequeña aldea austriaca situada cerca de la frontera con Alemania. Su padre, Alois Hitler, era un agente de aduanas y su madre Klara Polzl fue la tercera esposa de Alois además de su prima.

De los cinco hijos del matrimonio solo Adolf y su hermana Paula lograron llegar a la edad adulta.

La relación con su padre estaba dominada por la violencia y era azotado permanentemente. Esta relación tensionada habría tenido una influencia determinante sobre el desarrollo de la personalidad de Hitler: la madre no habría podido proteger al hijo de los castigos por parte del padre, más sin embargo lo habría endiosado profundamente.

Se sentía especialmente unido a su madre, cuya muerte, en el año 1907, le habría afectado profundamente. Su padre, había fallecido cuatro años antes. Hitler viajó a Viena, donde inicialmente se ganó la vida gracias a diversos trabajos como barrer la nieve, cargar maletas en la estación de trenes y ser un obrero de construcción. Sin embargo, sus problemas económicos no terminaron ahí, y un año después de haber llegado fue desalojado de su apartamento y tuvo que vivir en un miserable hostal, recurriendo a comedores de indigentes para poder aplacar el hambre.

El joven Adolf Hitler, se inclinaba más por la pintura y la arquitectura. Sin embargo, aquí también sufriría una gran frustración, ya que fue rechazado por la Escuela de Bellas Artes de Viena en dos oportunidades “por falta de talento”.

En el año 1913 se trasladó definitivamente a Munich, en parte atraído por la potencia de Alemania y en parte para eludir el servicio militar. Sin embargo, en el año 1914, se alistó como voluntario del ejército alemán. Durante la Primera Guerra Mundial fue destinado a Francia y Bélgica como mensajero, donde alcanzó solo el grado de cabo. No fue promovido más allá de este rango, porque según sus superiores no poseía dotes de mando.

Más tarde, las condiciones establecidas en el Tratado de Versalles contribuyeron a crear las condiciones sociales y políticas en Alemania que finalmente le darían el poder. En septiembre de 1919, se unió a un pequeño partido de extrema derecha, el Partido Obrero Alemán, que se convertiría en el futuro partido nazi.

Luego de esto, habría ganado una gran notoriedad con sus discursos, en los que atacaba a los grupos rivales y a los judíos. Su carrera política tomó un rumbo aún más drástico y en 1923 intentó derribar el Gobierno bávaro en Munich, una acción que le supuso una condena de cinco años de prisión, de la que sólo cumplió ocho meses. Aprovechó su estancia en presidio para dictar “Mi lucha”, todo un manifiesto en el que queda patente su desprecio hacia la democracia y los judíos.

Una vez en libertad y debido a la grave crisis económica atrajo una importante cantidad de votos, no obstante, en las elecciones de 1932 fue derrotado.

Debido a esto, promovió una ola de revueltas que llevó al Gobierno al colapso. Así, el 30 de enero de 1933, fue elegido canciller. Año y medio después se nombró Führer -Guía-, y se preparó para eliminar toda oposición. El Partido se hizo cargo del aparato burocrático, inició el proceso de eliminación de los “enemigos de Alemania”, tomó el control de la economía y creó la Gestapo, un cuerpo de policía que combatía las “tendencias peligrosas para el Estado”.

Aunque nunca tuvo en mente capitular, su salud, sin embargo, era delicada: padecía jaquecas, crisis cardiacas y posiblemente ictericia. Y es que para entonces, el dictador era una ruina humana. En 1931, a raíz del suicidio de su sobrina Geli Raubal, de la que estaba profundamente enamorado, dejó de comer carne. Su dieta, por el contrario, incluía grandes cantidades de anfetamina pura que le provocó irritabilidad y alucinaciones.

Luego vendría todo el horror de la Segunda Guerra Mundial, que acabaría con Adolf Hitler en la madrugada del 29 de abril de 1945, dictando su testamento y contrayendo matrimonio con Eva Braun. Un día después, ambos se suicidaron. Sus cadáveres fueron sacados al jardín de la cancillería, rociados con gasolina e incinerados.

El gran interés que despierta la figura de Hitler se debe precisamente a su personalidad y su halo de impenetrabilidad. Hitler poseía un extraordinario carisma capaz de envolver no sólo a las personas, sino también a las masas, además de poseer una gran oratoria gesticular muy estudiada y una capacidad de liderazgo notable; pero quien haya permanecido con él diría lo mismo que opinó su ministro y arquitecto Albert Speer: «Nunca llegué a conocerlo».

El primer perfil psicológico de Hitler, fue realizado por el psiquiatra Henry Murray en 1943, durante la «solución final», y en él se describía al «Führer» como un neurótico, paranoico, histérico y esquizofrénico que acabaría suicidándose si perdía la guerra, tal como ocurriría más tarde.

Este informe además añadía que la raíz de todo su carácter violento procedía de los abusos y humillaciones que sufrió cuando era niño y adolescente por parte, sobre todo, de su padre.

Como dijo Juvenal (poeta romano) “nadie se hizo perverso súbitamente”, sin embargo, yo creo que el peligro de que exista otro Hitler no se encuentra en las malas personas, sino que en aquellas que permitimos o callamos la maldad de algunas personas.

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