¿Qué son los golpes del destino?

Detrás de todo lo que sucede hay una legitimidad, o bien de la Ley eterna o bien de la ley de siembra y cosecha. La Ley eterna proviene de Dios, mientras que la ley de siembra y cosecha, la ley del ego, proviene del comportamiento humano.

Imagen de Juan Lama Ortega
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28 de Julio, 2012 11:07

Muchos de nosotros necesitamos las sacudidas del destino para poder cambiar de forma de pensar y salir de nuestro pequeño mundo de pensamientos. Frecuentemente esto ocurre mediante golpes del destino pues no existe ninguna casualidad en todo el infinito, tanto en el mundo visible como en lo invisible, en el mundo infinito. Todo está sometido a legitimidades.

No nos enfermamos casualmente. No es casualidad perder nuestros bienes ni tampoco el hacernos ricos. Tampoco nacemos por casualidad en una familia pobre o rica o en un país pobre o en ciudades prósperas. Detrás de todo lo que sucede hay una legitimidad, o bien de la Ley eterna o bien de la ley de siembra y cosecha. La Ley eterna proviene de Dios, mientras que la ley de siembra y cosecha, la ley del ego, proviene del comportamiento humano.

En la ley de siembra y cosecha cada ser humano ha grabado el mundo de su propio yo, la ley personal. Lo que echamos en el campo de nuestra vida, en nuestra alma, es nuestra siembra. El hombre o el alma en los planos de purificación cosecharán entonces también según procesos legítimos lo que ha sembrado. Alcanzamos solamente la Ley eterna cuando desmontamos nuestro comportamiento humano, que es contrario a la ley divina, cuando borramos nuestras frecuencias humanas, nuestras emisoras, nos orientamos hacia las leyes divinas y vivimos según ellas.

Según nuestros conceptos humanos, nuestra vida se desarrolla sólo en esta Tierra. Sin embargo el Más Allá y los mundos puros están muy cerca de nosotros. Todo es energía y nosotros llevamos la esencia de todas estas energías en nuestra alma. El hombre es por tanto no solamente hombre, no sólo un cuerpo físico. Si el espíritu y el alma se separan del cuerpo y se produce la muerte, el cuerpo físico se va descomponiendo poco a poco y sus partes integrantes van a su destino: la tierra a la tierra, y el agua al agua. El alma, sin embargo, se encamina a los ámbitos del  Más allá que ella se ha preparado siendo hombre de acuerdo con su forma de pensar y vivir. Mediante la comunicación, el alma encuentra el lugar de permanencia que ella misma se ha creado.

La vida, tanto en la Tierra como en el Más allá, consiste en comunicación. El hombre va componiendo mediante su mundo de sentimientos, sensaciones y pensamientos, también mediante sus palabras y actos, sus reacciones e inclinaciones, el ámbito de frecuencia con el que después entrará en comunicación. Esta banda de frecuencia es entonces el camino del alma hacia su ámbito de comunicación. Todas las formas de vida, incluidos los hombres y almas, se comunican entre sí. Cada uno está en comunicación con las fuerzas que ha desarrollado o ha adquirido. El alma y el hombre luminosos están en comunicación con las fuerzas luminosas, es decir, elevadas; mientras que el alma oscura, cargada, y el hombre cargado lo están con las fuerzas inferiores, contrarias.

Por eso el alma, después de la muerte física, va al lugar hacia donde es atraída, hacia aquellos mundos con los que ya ha estado en comunicación. Así como en todo el infinito no existe ninguna interrupción de la vida, tampoco hay ninguna interrupción en la comunicación. La vida es pues comunicación. Desde el lugar hacia donde emitimos, recibiremos. El ser incargable en nuestra alma, el espíritu, está en comunicación con la Ley eterna, Dios. El pecado está en comunicación con el pecado y nuestro mundo de ideas, a su vez, con los mundos de ideas iguales o parecidas. Nuestros anhelos, deseos y pasiones humanas se comunican a su vez con fuerzas iguales o similares.

También los elementos más diminutos de nuestro cuerpo son conciencia. Cada célula de nuestro cuerpo, cada órgano de nuestro cuerpo, todo lo que vemos y no vemos, es consciencia y está en comunicación con todo lo demás. Mediante la comunicación, que es igual a evolución y por el hecho de que la materia está siendo poco a poco elevada por el Espíritu divino, es decir puesta en evolución, se está llevando a cabo la reconducción de todo lo cargado hacia la Ley eterna divina, a la existencia eterna, al origen de nuestra vida verdadera.

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