Perros vagos en nuestro Chile, una responsabilidad de todos

Se ha escrito y se ha dicho mucho sobre el tema, pero en términos de solución definitiva hasta hoy se ha logrado muy poco y los perros vagos siguen deambulando por las calles, plazas y diversos lugares de nuestro país.

Imagen de Omar González Hurtado
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04 de Mayo, 2011 09:05

Visitando una ciudad, una como la de usted,  pude observar una vez más un recurrente hecho, ahora con mayor detenimiento y menos premura que aquellos días en que de manera apresuraba cruzaba su plaza yendo o viniendo de mi trabajo, la cantidad de perros vagos existentes en ese lugar es sencillamente: ¡abismante!


No me detuve a contarlos, porque habría sido como mucho, pero como se dice “a ojo de buen cubero” -unidad con la cual en la época feudal se medían en cubas ciertas cosas- a lo menos habrían unas tres decenas de estos vagabundos animalitos, los cuales y en respeto a la defensa que hace “la sociedad protectora de animales” y la postura y pensamiento de ese buen santo “San Francisco de Asís”,  no voy a entrar en cuestionamientos ni discutir lo que ya tantas veces se ha dicho y se ha escrito sobre esta cruel y triste realidad que se vive en muchos pueblos y ciudades de nuestro país, definiendo tal situación como una verdadera “vergüenza nacional”.


Tampoco deseo entrar en un exhaustivo análisis de esta realidad que no solo es propia de esta ciudad, porque sin duda es una situación que se vive en cada pueblo de nuestro querido Chile, lo que pese al asombro que ello pueda originar en algunos de los tantos turistas que nos visitan provenientes de Europa o de otras partes del mundo -en donde sencillamente los perros vagos “no existen”- éste debiera ser un problema a solucionar como primera prioridad por parte de las autoridades.


En tal sentido, evidentemente, se ha escrito y se ha dicho mucho sobre el tema, pero en términos de solución definitiva hasta hoy se ha logrado muy poco y los perros vagos siguen deambulando por las calles, plazas y diversos lugares,  proponiéndose medidas algunas un tanto utópicas y otras extremadamente desatinadas como por ejemplo “un total exterminio de los perros que vagan libremente”, sin que nadie se haga responsable de ello.


En efecto, frente a tales acciones tendientes a eliminar la existencia de “perros vagos en Chile”  ha habido muchos intentos y se han expresado múltiples opiniones -sin lograr nada en concreto- a través de políticas de acción que contemplen planes y programas serios, lo cual conjuntamente con comprometer a la conciencia ciudadana,  ello sea responsabilidad directa de toda entidad pública o privada que tenga relación con tan significativo problema, entre estas:  “las instituciones edilicias”, “grupos de gobierno”,  “políticos”, “autoridades de salud pública y de educación”,  con  eventos informativos, charlas informativas y educativas, campañas de esterilización, asignación de lugares o recintos en áreas rurales en donde se puedan refugiar a estos indefensos, hambrientos y muchas veces enfermos animales.


En tal sentido, muchas veces se ha hecho notar como rescatable medida,  enfatizar el aspecto normativo a través de una gestión de control u ordenanza municipal en que se establezcan multas a los dueños de estos animales que cuando son cachorros son regaloneados, mimados y protegidos, pero luego a medida que crecen, simplemente son abandonados y tirados a su propia suerte a la calle.


Entre las tantas medidas de protección y cuidado al parecer podría ser una esterilización masiva de perros y generar un mayor control sobre la tenencia de ellos de parte de sus dueños,  bajo una reglamentación que debiera ser más estricta, que contemple no solo la tenencia de mascotas mediante inscripción sino que además el dueño del perro en este caso,  asuma la responsabilidad que le corresponde frente a tal posesión.


No obstante y pese a todo lo que se ha intentado hacer hasta ahora, “la presencia de perros vagos en cada ciudad” sigue siendo una preocupante y alarmante realidad, tanto para la salud y seguridad pública en general, como para un mejoramiento,  presentación y cuidado  del medio ambiente,  sin lograr hasta ahora como ya se ha dicho soluciones concretas.


Por cierto que un animal, cualquiera sea su tipo o condición,  es un ser que requiere atención médica, alimentación y cariño, más aún cuando ellos están al servicio del dueño o del amo.  Me atrevo a destacar este hecho en atención a los tantísimos casos de maltrato animal que se han visto, tanto domestico como salvajes, olvidando que ellos también experimentan sufrimiento, sienten dolor, hambre y demuestran numerosas enfermedades siendo en los perros las más conocidas: la sarna, las garrapatas, tiña, piojos, pulgas, tos, moquillo y muchas otras dolencias.


Por lo mismo, y de acuerdo a ese hermoso pensamiento de San Francisco de Asís, quien renunció a todas sus riquezas materiales para dedicar su vida a ayudar, acompañar y a guiar a todos los seres vivos y en especial a los animales, a quienes como ya se dijo consideraba sus “hermanos menores”, hoy más que nunca se requiere implementar medidas concretas de solución, partiendo por el hecho de tener que asumir la responsabilidad que compete a cada persona que posea una mascota, brindándole protección y cuidado no solo en su aspecto físico y de salud sino que también en cariño y esmero, en parte como retribución ese sentimientos que en casos de los perros se expresa en lealtad y protección del propio dueño o amo y en muchos casos de su propiedad.


Esto último me hace recordar a mis propios perros que me acompañaron muchas veces en la vida en familia;  dos grandes perros de raza San Bernardo, que aunque aparentemente se veían “tontos y torpes en sus movimientos”, corpulentos y robustos animales capaces de botar a una persona si se paraban y se apoyaban en uno,  eran muy fieles y especialmente cariñosos con todas las personas, de hecho siempre recordare a “Dirac” y  a “Doly”,  macho y hembra  a quienes  junto a los dueños de casa les encantaba recibir a las visitas, corriendo y brincando,  moviendo sus felpudas colas y tratando de lamer las manos del visitante. Mencionar igualmente a “Guch” un perro grandote, mezcla con gran danés traído desde Osorno, (sureña ciudad de Chile) el cual sin haber sido nunca amaestrado durante su larga vida de 16 años demostró siempre una clara y notable inteligencia, pues por ejemplo, sabía reconocer, tan solo por el tono de mi voz cuando se le llamaba la atención por algo malo que había hecho, entonces, todo su cuerpo se aflojaba,  su cabeza tanto como su  cola se inclinaba hacia abajo y se alejaba lentamente mientras su cabeza se torcía y tan solo con miradas de reojo mientras seguía caminando lentamente… me pedía mil disculpas, como sintiéndose avergonzado por lo que había hecho…¡qué gran perro fue ese!   Animal que enfatiza aun más ese refrán que expresa que el perro es un leal y buen amigo del hombre.   Algunos inclusive yendo más lejos han dicho: “cuanto más conozco a los hombres más quiero a mi perro”.


He ahí en consecuencia las tantas razones por las cuales debiéramos tener especial cuidado con estos animales a fin de que su existencia junto a su valioso servicio a la vida humana, sea un hermoso complemento a nuestras vidas,  a la naturaleza, al medio ambiente y no una figura que transforme nuestro entorno en un paisaje triste, sucio, deslucido y grotesco llegando a ser para muchos una “verdadera vergüenza nacional”, pero que la solución no depende de ellos sino de los hombres, obligándonos a tener que asumir mayor responsabilidad y cuidado de ellos, por cuanto hablando de  “perros vagos, ello será siempre una responsabilidad que nos compete a todos”.  


En consecuencia, cualquier medida que se pueda tomar para que la existencia de estos animales sea realmente feliz,  debe ser bienvenida a fin de echar por tierra ese añejo e injusto concepto que trata de empañar su compañía, belleza y  lealtad  “viviendo una vida de perros” y definiendo la existencia de estos animales como “una verdadera vergüenza nacional”.

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