Para cuidar el alma hay asumir la responsabilidad por nuestra vida

Para aquellos que creen en una vida después de la muerte, se podría decir que nuestra alma se dirige tras la misma solamente allí donde en realidad ya estuvo antes, hacia aquello que ha estado siempre.

Imagen de Juan Lama Ortega
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11 de Mayo, 2012 13:05

De forma categórica el físico Hans Peter Dürr, exdirector del Instituto Max-Planck de física de Munich, dijo: “Este mundo tangible, es decir esto que llamamos materia, es en realidad la escoria del universo. Todo lo restante es el Más allá, la amplia y enorme realidad”. Visto así, para aquellos que creen en una vida después de la muerte, se podría decir que nuestra alma se dirige tras la misma solamente allí donde en realidad ya estuvo antes, hacia aquello que ha estado siempre.

Cuando el alma se ha desprendido de su envoltura, del ser humano fallecido y ha desencarnado, lo negativo que la persona introdujo en su interior se vuelve paulatinamente activo. Y en relación a estas culpas activas el alma puede decidirse libremente, o bien por seguir el camino de la purificación del alma, es decir el camino de la redención que le es mostrado a través de las grabaciones que hizo en su alma, o  bien continuando  tal como su ser humano era, por ejemplo viviendo en la apatía y la indiferencia. En tal caso el alma es inabordable para los valores elevados y para la vida en general. Si el alma se apega únicamente al mundo imaginario de sus deseos, pasiones e instintos inferiores, permanece en la mayoría de los casos en los reinos intermedios del Más allá, e intenta succionar energía de seres humanos con debilidades parecidas a las suyas, según lo que haya grabado en ella como impronta, como culpa.

El alma está constituida por una estructura de partículas, mientras que el cuerpo físico está formado por una estructura celular y tanto en su estructura celular como en la estructura de partículas del alma, el ser humano graba el pro y el contra de su carácter. Él graba los potenciales de energía a favor de la vida como paz, seguridad y libertad, o energías en contra de la vida como ataduras, discordia, egoísmo, violencia, en general lo excesivamente humano. Se trate del ser humano o del alma, en ambos se halla el libre albedrío para decidirse libremente a favor de la ley cósmica que es La Vida o contra la ley cósmica que es la voluntad propia y el ego.

En la vida en la Tierra, tanto al ser humano como al alma se le muestra constantemente la posibilidad de eliminar lo negativo, sus cargas. Quizás se pregunte: ¿cómo? Gracias al  lenguaje del día de las cosas que ocurren en el trascurso del día, pues cada día puede ser un día para reconocer alguna culpa y purificarla. Aquello que hay que saldar, el ser humano lo capta en sus pensamientos y al mismo tiempo en su conciencia, mientras que el alma en el más allá experimenta algo parecido en secuencias de imágenes o en forma de sufrimiento o sentimiento de dolor dependiendo de cuáles sean las respectivas causas. Por eso en base al libre albedrío cada uno es al fin y al cabo el único responsable de su vida, puesto que únicamente él determina si carga o libera su cuerpo y su alma. 

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