El agua es vida y los ciudadanos tenemos derecho a la vida

El agua, es asociada a la vida desde tiempos inmemoriales. Sin embargo, los tiempos han cambiado y el hombre hoy evolucionado, ha estimado que el agua es un vertedero también y arroja sus desechos sobre ríos, mares y lagunas. Los ciudadanos tenemos derecho a la vida.

Imagen de Veronica Grunewald
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22 de Marzo, 2013 17:03
Foto CC flickr.com/hacedoraweb

En la película “El árbol de la vida” podemos ver entre poéticas imágenes la propuesta conocida sobre el inicio de la vida en nuestro planeta. Polvo estelar, proveniente de lejanos rincones del espacio se esparce sobre las aguas, generando un tipo de vida, luego otro y otro, hasta lograr una especie capaz de desplazarse por la tierra.

Similar a lo que ocurre con el nacimiento de un ser humano. Luego de la concepción, el nuevo ser permanece por nueve meses en el vientre materno, rodeado de líquido amniótico, es decir, agua, preparándose para la vida en el mundo exterior.

El agua, es asociada a la vida desde tiempos inmemoriales. Diversas culturas festejan la llegada de las lluvias, honran las aguas medicinales que ofrece la madre tierra y protegen los cuerpos de agua, sagrados, pues de ellos obtienen lo necesario para sus cultivos, sus animales y para ellos mismos. Lo necesario.

Sin embargo, los tiempos han cambiado y el hombre hoy evolucionado, ha estimado que el agua es un vertedero también y arroja sus desechos sobre ríos, mares y lagunas. El hombre evolucionado, en la actividad minera, que le permite alcanzar el desarrollo, utiliza el agua que fluye con dificultad en medio de paisajes áridos. El hombre moderno compite así, por un hilo de agua, con el hombre y la mujer que habitaron esos paisajes por siglos.

Cuerpos de agua subterráneos encontramos en lugares tan extraños como un desierto. Y estas reservas no han pasado inadvertidas para los países poderosos en cuyos territorios escasea el agua, por ausente o contaminada. Inventan conflictos entre países hermanos o al interior de los  mismos. Son capaces de movilizar a las masas, utilizando herramientas comunicacionales con el fin de desestabilizar internamente sus gobiernos y así, ejercer el control, el que al fin es el control sobre el agua.

El agua es vida, los ciudadanos tenemos derecho a la vida, a la salud. Sin embargo, el agua potable, que pagamos, difícilmente se puede tomar con tranquilidad. Observamos cómo los aparatos domésticos se llenan de metales con el uso. Son metales residuales del agua potable. Si el presupuesto lo permite, las familias tienen acceso al agua embotellada. De lo contrario, el riesgo  es integrar el grupo de los que se enferman con mayor frecuencia, los que no tiene micrófonos o acceso a los medios de comunicación para manifestar su descontento, como los activistas que  defienden las prístinas aguas del sur de Chile. Ningún activista defiende a los más vulnerables que consume agua con arsénico por sobre la norma, o con altos índices de boro, el cual sencillamente no está incluido en la norma chilena de  calidad del agua.

El agua es vida y así lo han entendido hace mucho tiempo grandes compañías que van por el mundo entubando el agua, lucrando con ella con  el permiso de los gobiernos en cada lugar que se rinden ante el poder económico y se olvidan de la gente, se olvidan del pueblo.

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