Educación: En la búsqueda constante de la calidad

No creo que los profesores sean los únicos causantes la supuesta baja en la calidad de la educación, porque las acusaciones así manifestadas e internalizadas por toda la sociedad es una culpabilidad gratuita a aquellos que han dado su vida por los niños

Imagen de Hugo Pérez White
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10 de Septiembre, 2011 23:09

La calidad en educación no se mide por un conocimiento más que otro, ya que cada alumno es una individualidad única e intransferible en cuya formación influyen múltiples factores que van haciendo cambiar la personalidad del ser humano a cada instante partiendo de la genética humana, el ambiente familiar, el barrio y la población o sector donde desenvuelve sus actividades sociales, deportivas y comunitarias sólo por nombrar algunos elementos que van marcando la personalidad de cada individuo.


Con estos elementos ya enraizados en la piel de cada niño, éste llega ilusionado a los umbrales del colegio o escuela soñando que va a ingresar a un mundo mejor de aquel en que vive todos los días lo que por circunstancias de la vida lo han colocado ahí y en el cual está inserto y ahora los padres han puesto todas  sus esperanzas en la escuela soñando que es el  único camino que lo ha de llevar  al éxito y al mundo del trabajo cuando sea adulto o profesional, pensando siempre en conseguir un cartón como popularmente se le denomina al certificado o diploma que acredita sus logros académicos, pero, a la luz de los acontecimientos diarios, a las manifestaciones de los estudiantes de educación secundaria o media y los alumnos universitarios estos diplomas no expresan el sentir de los beneficiados al darse cuenta con el paso del tiempo que el camino tan escabroso que han tenido que recorrer en el sistema educativo no les satisfizo en cuanto a calidad educativa y al endeudamiento que les significa cancelar las becas adquiridas y que los tendrá hipotecados por  muchos años más, deteriorando sus ingresos posibles y resintiendo su estabilidad familiar.


Dar una explicación tácita, fijar parámetros equitativos y realizar monitoreos evaluativos a través de mediciones estandarizadas  no son paradigmas universales que determinen si la calidad de la educación en nuestro país es mala, regular, buena o excelente tomando como parámetros ideales a conseguir y que algún país, o grupo humano pueda determinar con hechos científicos de estas debilidades que supuestamente existen en nuestra población.


Los profesores han cumplido a conciencia sus actividades docentes y cada niño que ha pasado por las aulas ha sido tratado con cariño, respeto considerando siempre sus diferencias individuales y han gozado con los éxitos de sus alumnos y han sufrido con sus fracasos y en estas condiciones siempre han estado dispuestos a fortalecer las estrategias para lograr los mejores aprendizajes que la realidad humana, material, afectiva y síquica les ofrece.


No creo que los profesores sean los únicos causantes de esta supuesta baja en la calidad de la educación, porque las acusaciones así manifestadas e internalizadas por toda la sociedad es una culpabilidad gratuita que se les hace a quienes han dado una vida entera a la educación de los niños de Chile y ahora más que nunca es necesario desmentir y rectificar de esta falacia, para no acrecentar  la  bola de nieve que se está creando en la comunidad  nacional porque en la medida que vaya rodando en la ladera de la credibilidad engañosa, ésta irá aumentando en volumen y va a llegar un momento en que nadie será capaz de detenerla.
Si fuera tan mala la educación que entregan los colegios y Liceos, no tendríamos a tantos líderes estudiantiles que han surgido a la palestra pública, utilizando un buen lenguaje académico, manejando argumentaciones sólidas y creíbles y con gran capacidad para levantar multitudes oponiéndose incluso a diputados, senadores y ministros.


Tampoco podemos olvidar a esos líderes jóvenes secundarios que levantaron sus voces de alerta en la llamada revolución pingüina y que lograron concitar la atención de la opinión pública con encendidos discursos  como si hubiesen sido  avezados políticos  y que se denominó la revolución pingüina la cual perdurará por mucho tiempo en la memoria colectiva de los movimientos sociales.

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