Veinte años de verdad
A estas alturas, es difícil recordar que mucha gente pensaba que lo de los detenidos-desaparecidos, los ejecutados, los campos de concentración y tantos otros abusos eran un invento del marxismo.
Por Andrés Rojo
La fecha indica que es necesario hacer un
balance del primer año del Gobierno o rendir un homenaje a las mujeres en su
día, pero el día 8 de febrero pasado se cumplió otro aniversario significativo
que no ha sido debidamente analizado: La entrega del informe final de la
Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, más conocida como Comisión
Rettig, designada por el ex-Presidente Patricio Aylwin para acordar una verdad
histórica, inapelable e indiscutible, sobre la dimensión de las violaciones a
los derechos humanos ocurridas durante la dictadura militar.
A estas alturas, es difícil recordar que mucha gente pensaba que lo de los
detenidos-desaparecidos, los ejecutados, los campos de concentración y tantos
otros abusos eran un invento del marxismo, y entre estos incrédulos se
encontraba una buena parte de personas que no eran necesariamente adherentes de
la dictadura. Por eso, además de la figura respetable de Raúl Rettig, fue clave
que en la Comisión participaran dos incuestionables representantes de la
Derecha como fueron Gonzalo Vial y Ricardo Martin.
La conclusión, después de nueve meses de trabajo, fue que en Chile se
produjeron casi 2 mil 300 muertes como fruto de la violencia. Las denuncias
fueron más, pero esos fueron los casos que pudieron acreditarse
fehacientemente. Con el tiempo, se agregaron nuevos nombres a la ignominiosa
lista y más tarde, con la Comisión Valech y el testimonio de 35 mil personas,
se agregaron las situaciones de violaciones en las que no hubo necesariamente
muerte, aunque también se incorporaron decesos por violaciones a los derechos
humanos.
En cada una de estas instancias, y a pesar de resquemores y debates puntuales,
se aceptó el resultado de la investigación como una acreditación fidedigna de
los abusos del período dictatorial.
Estos pasos ahorraron al país varios años -generaciones incluso- de discusión
sobre lo verdaderamente acontecido en materia de derechos humanos y ha
permitido llegar a un punto en el incluso algunos pretenden dar por superado el
tema, dejando de lado el hecho de que aún no se ha hecho completa justicia para
todos los casos, bajo el argumento de que el país ha logrado unificar su visión
de la historia.
Obviamente, hay grupos de uno y otro bando que insisten en exagerar o disminuir
la magnitud de lo ocurrido porque la historia nunca deja conformes a todos,
pero gracias a gente como Raúl Rettig, quien asumió esta pesada y delicada
tarea a los 81 años de edad, hay un consenso básico bastante generalizado y que
hayan transcurrido veinte años sin que se cuestione la verdad histórica
acordada es un hito que bien vale la pena ser recordado.


