Opinión: Una reforma educacional poco estudiada

Es hora de dejar de lado la obstinación y la soberbia para dar paso a la humildad aceptando los hechos y no seguir fraguando una reforma entre cuatro paredes y cada vez más lejana de las convicciones ciudadanas. 

Imagen de Rodrigo Duran
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17 de Octubre, 2014 09:10
FOTO: Galería Flickr (cc) Benjamín Mejías Valencia

A estas alturas para nadie pareciera ser un misterio que la actual reforma educacional, así tal y cual como está planteada por el Ejecutivo, cada día va perdiendo terreno en materia de adhesión ciudadana y respaldo. Sin ir más lejos, y tomando como referencia los recientes resultados del Barómetro de la educación 2014, se pudo constatar que un 33% de los encuestados percibe que no tendrá efecto alguno en mejorar el actual estado de la educación, mientras que un 27% no responde o no sabe. Además, el sondeo arrojó que un 34% considera que el principal problema de la educación media en Chile es la calidad de la enseñanza, mientras que el 18% se inclina por la calidad de los profesores. El lucro, que ha sido levantado como estandarte, aparece recién en un cuarto lugar, con un 4% dejando en claro que las prioridades, al menos en material educacional, están fuera de sintonía y no responden a los intereses ciudadanos. Lo anterior nos hace suponer que, en la gestación y evaluación del proyecto, hubo un nulo o escaso estudio y análisis del entorno, se actuó de manera atolondrada y ahora se están comenzando a percibir los resultados.

Al insertarnos en el sistema educacional chileno es posible constatar un sinfín de carencias y necesidades inmediatas que van más allá de la gratuidad, el fin a la selección o el término del copago. Ejemplos de lo anterior son las condiciones de infraestructura de los establecimientos educacionales, generación incentivos y captación de talentos que ingresen a estudiar carreras de pedagogía, aumento de horas para la práctica deportiva, revisión de los currículums, fortalecimiento de la educación pública, políticas de inclusión y nivelación que consideren trastornos cognitivos y discapacidad, participación de las familias, incorporación de las TIC´s a los procesos metodológicos, rol y condiciones en las cuales nuestros docentes realizan su trabajo, educación inicial, inversión en I+D+I, y educación técnica, entre otros varios. Como vemos podríamos seguir enumerando, cada uno desde su óptica, interminables problemas que requieren un sentido que urgencia que ha brillado por su ausencia, postergando y coartando no sólo el debate, sino también las oportunidades de niñas, niños, jóvenes y familias que ven en la educación un motor para la movilidad social, para la construcción de una sociedad más justa y de la cual sean protagonistas.

Ha llegado el momento se sentar cabeza y asumir la realidad. Dejemos de dar pasos en falso y tracemos un camino consensuado, sustentado en el diálogo objetivo y pensando en el bienestar tanto de las presentes como futuras generaciones de chilenas y chilenos. Es hora de dejar de lado la obstinación y la soberbia para dar paso a la humildad aceptando los hechos y no seguir fraguando una reforma entre cuatro paredes y cada vez más lejana de las convicciones ciudadanas. 

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