[Opinión] El mito Piñera y las campañas políticas

El primer gobierno de Sebastián Piñera, que es lo que proyecta la actual campaña, cuando se transformó en el primer Presidente de derecha desde Jorge Alessandri Rodríguez, lo convirtió en un mito para sus huestes, pero no para el Chile real.

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09 de Diciembre, 2017 17:12
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Las campañas políticas no las ganan las mejores ideas o los mejores programas de gobierno: las ganan las mejores campañas; muy diferente a ser un buen candidato, contar con un buen programa de gobierno y tener buenas intenciones. Las campañas son ideológicas y responden a las necesidades de los intereses creados, proyectados en lo que representa el candidato. En política no existe el futuro, todo está supeditado al aquí y el ahora, que determinan lo que puede ser y lo que será y pocas veces lo que debería ser.

Está comprobado que en política es mucho más importante cómo se termina a cómo se empieza. La Presidenta Michelle Bachelet entendió este concepto hace unos meses atrás. El gobierno de la Nueva Mayoría no fue todo lo exitoso que debió haber sido y cometió errores de forma, pero sin olvidar el fondo. No tengo la menor duda que Michelle Bachelet, a pesar de todo y de todos los personajes que no estuvieron a la altura del desafío en su equipo ministerial, será recordada por la historia como la Presidenta de las grandes reformas y será su legado, con una proyección internacional que ninguno de los Mandatrios de Chile ha tenido y que difícilmente tendrán los que vendrán.

Chile Vamos y su candidato Sebastián Piñera son una demostración de esa realidad, que ha complicado el trabajo estratégico de la segunda vuelta y que los tiene a punto de quedar bajo los escombros de lo que pudo ser. ESto, al no haber sabido relacionar la diferencia entre expectativas y la realidad de la percepción ciudadana, de lo que requiere en la actualidad un Presidente de Chile, en un mundo que cambia constantemente, donde la economía no lo es todo a la hora de inclinarse por elegir un gobernante y que, muchas veces, importa más lo que representas, antes que lo que dices que eres.

Uno de los puntos que el equipo de Sebastián Piñera no supo evaluar, y lo ha llevado a no resistir la presión de lo que significa una elección reñida como la actual, es no saber analizar las expectativas del ciudadano y el verdadero sentido de lo que significa una estrategia de campaña en el Chile actual. No ha entendido que a fin de cuentas no eres más que el 36% de los votos, debajo de las expectativas que inexplicablemente se generaron y se veían como ganadores en primera vuelta.

Si analizamos el primer gobierno de Sebastián Piñera, que es lo que proyecta la actual campaña, cuando se transformó en el primer Presidente de derecha desde Jorge Alessandri Rodríguez (1958-1964), lo convirtió en un mito para sus huestes, pero no para el Chile real. Esto le ha generado la incongruencia a la hora de emprender la campaña en este 2017 y tener que cambiar el discurso en la recta final hacia la segunda vuelta. En ese entonces, cuando Piñera fue elegido, no fue por su programa de gobierno, porque -a decir verdad- no presentó ninguno y se limitó a discursar que haría todo lo que no había hecho la concertación desde 1989. Tampoco llegó a la presidencia porque tuviera un magnetismo irresistible en el electorado o "por lindo", como dijo el senador Manuel Ossandón. Piñera fue elegido ese 2009 por un voto de castigo y de repudio de la ciudadanía, ante lo que había representado todos esos años los gobiernos de la Concertación. Se trataba de una ciudadanía cansada de un modelo económico que se estructuraba en el crecimiento y no proyectaba desarrollo y lógicamente generó mucha expectativa.

Hasta ahí todo bien: la crisis terminal de la concertación fue una formidable oportunidad de demostrar el valor real de la derecha chilena y pasar de la teoría a la práctica para demostrar que podían hacerlo mejor que la izquierda, transformándose en una opción de gobierno para todos y no solo para algunos. La idea del gobierno tecnocrático con que llegó la Alianza por Chile a la Moneda ese 2010 duró menos de dos años. Entraron en una profunda crisis existencial de proporciones al interior del gobierno, con una baja rotunda en las encuestas y con una UDI que interpelaba a Piñera constantemente por los medios, por la ineficiencia demostrada, que no le dejó otra alternativa para salvar lo poco y nada que le quedaba, con un supuesto legado que nunca existió, por lo menos desde la visión ciudadana. Se vio obligado a tener que entregarle el gobierno a la UDI y llegaron a la Moneda en gloria y majestad Andrés Chadwick y Pablo Longueira, transformados en salvadores de la patria y Piñera desde ese momento se dedicó a recorrer el mundo como embajador comercial.

Pablo Longueira fue entre otras cosas de una falta de lealtad con el gobierno y con el país abismante. Llegó al ministerio de economía con el único objetivo de usar este ministerio como trampolín para ser Presidente de Chile en el 2014, con la misión de privatizar el mar y entregárselo en bandeja a los industriales por medio de la nueva ley de pesca. A cambio, el ministro Longueira recibiría financiación para llevar adelante su campaña en pos de la Moneda y transformarse en el segundo Presidente de derecha en Chile y darle continuidad al “legado”.

La renovación prometida por Piñera durante la campaña y la diferenciación en positivo que desarrollaría ante el modelo concertacionista, nunca fue. Los grandes empresarios continuaron haciendo de las suyas con sus trabajadores y con el medio ambiente de las regiones y, como era de esperarse, las diferenciaciones sociales se ahondaron aún más. Las marchas ciudadanas de reprobación fueron una constante, produciendo la revolución ciudadana, activando lo que hoy conocemos como Frente Amplio y que, históricamente, se relacionará al gobierno de la Alianza por Chile liderado por Piñera, como un mal necesario para que despertara el mundo ciudadano.

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