[Opinión] El cruce político de intereses creados ante Dominga y Cuervo

[Opinión] El cruce político de intereses creados ante Dominga y Cuervo

27 Agosto 2017

Quiero ver el vaso medio lleno y ser positivo ante la perspectiva que esta ideología de compensación crea y en la cual quiero creer, que se está empezando a gestar una nueva conciencia en materia ambiental.

Andrés Gillmore... >
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Si hace un año atrás me hubiesen dicho que en nuestro querido y amado Chile se bajaron dos proyectos de desarrollo altamente contaminantes e invasivos para las comunidades y para la flora y fauna y en menos de una semana, no lo hubiese creído. Pero ocurrió. Con el proyecto Central Cuervo de Energía Austral en la región de Aysén, donde sus dueños (Xstrata-Suiza) informaron al gobierno que desistieron de la intención y de Dominga (proyecto minero-portuario de la empresa chilena Andes Iron en la región de Coquimbo), habría pensado que tomar decisiones de ese calibre por los mismos empresarios (Central Cuervo) y por el Consejo de Ministros (Dominga) que se necesitaban un par de años más de maduración política y social y que las viejas huestes generacionales que dominan la toma de decisiones pasasen a mejor vida. Menos, si ambos proyectos están inmiscuidos intereses de la poderosa familia Walker, del ex Presidente Piñera y de su gran amigo Carlos Délano.

Pero sucedió y esta vez quiero ver el vaso medio lleno y ser positivo ante la perspectiva que esta ideología de compensación crea y en la cual quiero creer, que se está empezando a gestar una nueva conciencia en materia ambiental, asumiendo que la ecología y la ética del hacer, representan la mejor estrategia que puede proyectar un país como Chile, entendiendo que la protección del medio ambiente es un bien de desarrollo social con encauce ético y no como ha ocurrido en el último tiempo, transformado en una herramienta de enriquecimiento de las grandes empresas transnacionales extranjeras y que la sustentabilidad puede ser más importante que el negociado.

Las grandes decisiones en materia de desarrollo y así lo demuestran las grandes economías mundiales de los países miembros de la OCDE, por mucho que a los empresarios chilensis y sus socios extranjeros les moleste reconocer, especialmente cuando sus intereses no son valorados como ellos quisieran, son esencialmente decisiones políticas más que técnicas, porque representan la esencia de la estrategia de desarrollo y la visión que se quiere implantar como sustento y la proyección que le quieren dar los gobiernos a sus administraciones.

Es indudable que la protección del medio ambiente es una variable que debe estar acompañada en las decisiones políticas del presente futuro y tal como sucedió durante la dictadura militar, donde políticamente se tomó la decisión, que se reforestará el centro sur del país con Pinos y Eucaliptus, por ser sumamente rentable su explotación y se dejó de lado totalmente la parte técnica; que decía, que hacer ese tipo de desarrollo era un atentado en contra del medio ambiente y en contra de la comunidades.

Para un país como Chile con todas las ventajas comparativas que poseemos en cuanto a geografía, calidad escénica, riqueza natural, tamaño y población, entender la importancia del fundamento ambiental es básico para la proyección de lo que somos y queremos ser y que las decisiones en estas materias deben ser políticas y no técnicas y llevarlo a la práctica con seriedad y profesionalismo para planificar y hacer sustentable lo que viene, objetivando y proyectando bajo puntos de mira sustentables, como son las Energías Renovables y el cuidado del Medio Ambiente, haciendo que las decisiones se tomen de acuerdo con  valores éticos y de conciencia social, como parte de la impronta para enfrentar el presente-futuro del país.

Tuve la suerte de haber sido parte de un grupo de personas en la región de Aysén, que tuvimos la descabellada audacia para esos años, de enfrentar los intrincados intereses de los gobiernos, políticos y las transnacionales desde la década de los años 90 a la fecha, con la impertinencia de defender el medio ambiente cuando a nadie le interesaba y hacer ver que por sobre todas las cosas es un bien de desarrollo social y que era más que necesario enfrentar las intransigentes y dictatoriales poderes que las transnacionales tenían en los territorios y un deber y no una opción hacerles frente, cuando quieren intervenir las regiones con proyectos tan destructivos y diversos, como producir aluminio, construir represas y poner jaulas salmoneras en las aguas dulces de la cuenca del lago General Carrera y del río Baker.

En esos años, nos aferramos a la posibilidad de marcar una diferencia sustancial en temas ambientales, desde un Aysén que en ese entonces era desconocido y poco valorado y no lo que es hoy, el jardín delantero de un país con vista al pacífico que todos quieren conocer, que de una manera u otra posiciono el tema y influenció el cambio de paradigma. Con la retrospectiva del paso de los años y, haciendo raya para la suma, bajo todo punto de vista ha sido enriquecedor por decir a lo menos, haber tomado la oportunidad de salir de la comodidad de los intereses personales, que muchas veces inmovilizan las acciones y lo interesante que ha sido entrar en batalla por los ideales ambientales de Aysén. En un pasado donde no eran bien visto debatir estos temas y cuando enfrentar estos intereses era sinónimo de inadaptado.

Ser testigo presencial que autoridades que antes eran poco confiables en materia ambiental, por diversos motivos han empezado a decidir con sentido común y tomando conciencia de las repercusiones de las decisiones que toman y se atreven a ir en contra de intereses creados que generan muchos proyectos y lo que proponen políticamente por medio del lobby para lograr sus objetivos.

En el caso de la Minera Dominga, lo que dijo el entre líneas el Consejo de Ministros al no aprobar la intención: fue que no le creían a la empresa lo que se haría para mitigar el daño ambiental que producirían. Por mucho que juraran y rejuraran no eran creíbles bajo ningún punto de vista. Entendiéndose, que cuando el daño ambiental es tan brutal como el que desarrollaría Dominga, no existía tecnología y financiamiento que tuviera la capacidad de mitigar el daño.

El punto arriba mencionado termina transformadose en un punto de inflexión que debe tomarse en cuenta como paradigma de importancia vital en las futuras evaluaciones ambientales que vendrán. Entendiendose que muchos proyectos por rentables que sean, por muchos empleos que puedan generar, riqueza que puedan distribuir y las millonarias inversiones que dejaran, muchas veces no son viables por los daños irreversibles que producen en la proyección ambiental y social del todo regional y nacional.

En el caso de Central Cuervo fue precisamente todo lo contrario y en esto la variable es paradigmática y muy bienvenida también. Energía Austral dueña del proyecto se retiró de la intención, porque entendió que era lo mejor que podía hacer para salvaguardar sus intereses y su imagen empresarial, que el riesgo de perder prestigio era muy grande ante la nueva perspectiva pública en temas ambientales, que bajo los nuevos parámetros nada podía ser ocultado como en el pasado. Qué fue lo que los llevó a tomar la decisión. La empresa siempre supo que la intención era una aberración de la ingeniería, que nunca debió haberse proyectado el emplazamiento en una falla geológica de la magnitud de la Liquiñe Ofqui.

El proyecto solo llegó a instancias finales y logró superar las evaluaciones ambientales, gracias al lobby realizado por el gobierno de Piñera y posteriormente el de Michelle Bachelet y por haber manipulado la información del estudio ambiental que presentó para sustentar el proyecto; que pretendia intervenir y represar los ríos Cuervo y Blanco, en una falla geológica a 500 metros sobre el nivel del mar inmediatamente arriba de la ciudad de Puerto Aysén, poniendo en peligro a la ciudadanía, con la posibilidad cierta que cualquier día de estos, un terremoto o la erupción de algunos de los volcanes circundantes de superficie o subterráneos entrará en actividad. Lo más preocupante que todo fue certificado por el Servicio de Evaluación Ambiental de Aysén, auspiciado por dos gobiernos y contó con la venia de la Ilustrísima Municipalidad de Puerto Aysén y de Sernageomin, para sellar la intención que según las autoridades cumplía con los requisitos para desarrollarse.