Opinión: Balas en las calles y explosivos en las mochilas

Lo que está dinamitando nuestra democracia son los textos de estudio de la historia de Chile, esos manuales que hemos visto de forma simple y anodina y que, sin embargo, son los que junto al profesor en la sala de clases forman al alumno como un ciudadano.

Imagen de Vivian Lavin Almázan
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24 de Mayo, 2015 08:05
FOTO: El Martutino

Hay quienes piensan que algunos de los jóvenes que se manifiestan en las calles de nuestro país por una educación pública, gratuita y de calidad portan bombas en sus mochilas. No se equivocan. Pero no son algunos, sino todos y los que han puesto ese material en ellas, junto a sus cuadernos y lápices para ir al colegio, son sus padres y el mismo Estado.

Lo que está dinamitando nuestra democracia son los textos de estudio de la historia de Chile, esos manuales que hemos visto de forma simple y anodina y que, sin embargo, son los que junto al profesor en la sala de clases forman al alumno como un ciudadano. Publicaciones que la Dictadura supo aquilatar como para erradicar del aula el análisis de la historia del Chile reciente. Nada sobre la Unidad Popular, nada sobre el gobierno cívico-militar y las profundas reformas que estaba realizando en nuestra sociedad. La Transición fue también temerosa, y recién el año 2009, incluyó para Sexto Básico y Tercer año Medio, la enseñanza de la Historia de Chile del siglo XX.

Increíble, los cien años más trepidantes de la historia humana, con dos guerras mundiales y todo el cambio que eso significó en la propia configuración de nuestra sociedad. El siglo que vino como el Cambalache a trastocarlo todo, y en el que se produjo la más grosera intervención de Estados Unidos en los asuntos internos de América Latina desatando un efecto dominó de golpes de Estado, incluido nuestro 11 de septiembre de 1973. Un texto que sin embargo, no se relaciona con las otras materias como para entregarle al alumno de manera amplia lo que sucedió en el campo de la literatura y el pensamiento, las ciencias y la filosofía en nuestro país y en el mundo en esos cien años.

Los textos de estudio son herramientas de modelamiento ciudadano de las generaciones que se están formando en nuestras aulas y su poder ha sido invisibilizado en la discusión sobre la calidad de la educación en nuestro país. No hay debate en torno a ellos ni de qué manera están cumpliendo los objetivos trazados por el Ministerio del ramo, que señala “la valorización de la democracia representativa como la mejor forma de organización política y convivencia social”. Los textos escolares, según otros dos autores del dossierManuales escolares editado por la edición chilena de Le Monde Diplomatique, “deben considerarse como elementos historiográficos de gran relevancia social (…) como transmisores de identidades plurales e interculturales”.

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