Compensación de huella hídrica: una mitigación sólida para un recurso líquido

La incidencia de las actividades productivas sobre los efectos que produce el cambio climático en los ecosistemas es innegable. Ante estos escenarios extremos, emerge la Huella Hídrica como sistema para medir los impactos en un recurso vital como lo es el agua.
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Por Avina
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27 de Febrero, 2014 11:02
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El concepto más utilizado para medir el impacto de las actividades humanas y productivas en el cambio climático es la Huella de Carbono, que mide la cantidad neta de Anhídrido Carbónico (CO2) que se emite a la atmósfera como producto de un proceso humano o industrial.

Sin embargo, existe otro concepto menos conocido pero igual de efectivo en su medición del impacto, como lo es la Huella Hídrica, que fue introducido por el profesor Arjen Hoekstra de UNESCO-IHE en el año 2002 y refinado y perfeccionado en los años subsiguientes. La Huella Hídrica es un indicador de uso de agua y se define como el volumen total (directo o indirecto) de agua dulce consumida, evaporada o contaminada por la sociedad, medida por unidad de tiempo en el caso de los individuos y comunidades, o por unidad de masa en caso de las empresas.

Son tres los tipos de Huella Hídrica:

  • La huella hídrica azul se refiere al consumo de los recursos de agua azul (agua superficial y subterránea) a lo largo de la cadena de suministro de un producto.
  • La huella hídrica verde se refiere al consumo de los recursos de agua verde (agua de lluvia).
  • La huella hídrica gris se refiere a la contaminación y se define como el volumen de agua dulce que se requiere para asimilar la carga de contaminantes más allá de las concentraciones naturales del lugar y la calidad del agua.

La medición de la Huella Hídrica nos ayuda a obtener información acerca de cuánta agua consumimos y cuanta agua contaminamos en nuestros procesos productivos. Esta información es posible calcularla a nivel del individuo, de una empresa u organización, y de una comunidad o país.

Se calcula, por ejemplo, que para producir un kilogramo de huevos se requieren 3.300 litros de agua (toda el agua que consumen las gallinas, más el agua para limpiar los gallineros, etc.). Para producir 1 kilo de carne vacuna se requieren 15.500 litros de agua (aunque esto varia con el clima, el tipo de ganado, la alimentación suplementaria y otras variables).

Es posible, incluso, hacer los cálculos con un enfoque global. Un país puede tener Huella Hídrica positiva si “exporta” agua virtual a través de los productos que envía fuera de su sistema o Huella Hídrica negativa si “importa” agua a través de los productos que compra y consume. Tomemos el caso de Japón, que tiene una huella hídrica de 1.150 metros cúbicos per cápita y cuyo balance es negativo en 65% porque “importa” más agua al adquirir bienes y servicios, que el agua que “exporta” con sus productos.

Mitigación y Compensación

La medición de Huella Hídrica nos permite también establecer la situación de consumo o afectación del recurso hídrico y sirve como base esencial para el desarrollo de estrategias que permitan su optimización o compensación.

Toda empresa o actividad consume mucha agua en la generación de productos o en la provisión de servicios, lo que se conoce como la Huella Hídrica de una empresa. Muchas veces esta agua se vuelve no disponible para el consumo humano luego de los procesos a los que es sometida, por ejemplo por la contaminación sufrida por el uso humano o por procesos industriales que la desnaturalizan. Pero también se puede producir la pérdida de disponibilidad del agua por la “exportación” de esa agua a través de la producción de bienes o servicios, tales como tomates, naranjas, sandías, bebidas embotelladas que llevan mucha agua para fuera del sistema. El público consumidor exigirá cada vez más que se mitigue o se compense la utilización de un “recurso público”, el cual queda desnaturalizado luego de su utilización, y premiará las iniciativas empresariales que traten de reducir el impacto con inversiones que demuestren un compromiso duradero. Muchas veces, la mera descontaminación, ya de por sí costosa, no es suficiente para diferenciarse de los competidores. Es necesario mitigar o compensar socialmente la externalidad negativa del accionar empresarial. Por fortuna, ya existen herramientas para hacerlo de manera eficiente, costo-efectiva y con inclusión social.

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