#VuelanlasPlumas: Graciela habla por su bisabuela Katrilef

Vivian Lavín conversó con la poeta mapuche-williche Graciela Huinao, sobre su último libro "Katrilef. Hija de un ülmen williche" que es, por un lado, la historia novelada de su propia bisabuela y es, a la vez, el relato vívido del dolor de todo pueblo.

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31 de Marzo, 2016 00:03
Graciela Huinao en Vuelan las Plumas

Katrilef. Hija de un ülmen williche de Graciela Huinao es una experiencia conmovedora desde el punto de vista de la memoria histórica de esta williche que ha hecho de la palabra su territorio, primero como poeta y hoy, como cronista y narradora de un testimonio esencial de sus antepasados.
Con una prosa que tiene mucho de la poesía que la inunda, Graciela Huinao escribe esta historia novelada de su bisabuela. Con coraje, desde sus primeras páginas, no rehúye las palabras "guerra de exterminio", ni "genocidio" para explicar lo que hizo el Estado chileno con su pueblo, el williche. También usa la ironía para dar cuenta de hechos absurdos en el abuso y groseros hasta la ridiculez en la obtención ilegal de sus tierras, eso que llama usurpación. El delito y la crueldad campean en estas páginas donde los chilenos son el cuatrero, el militar, el abogado o el cura que, en representación de un poder terrenal o espiritual se apropiaban de forma ilegal de sus propias tierras. Lo hacían en una lengua extranjera, que los williche no comprendían pero que además materializaban en papeles de inexplicable caligrafía que luego se convertía en ley.
La historia de Katrilef, la bisabuela de Graciela Huinao, permite conocer una mirada ausente de la relación histórica impuesta por los vencedores como historia oficial que en la enseñanza formal, se despacha en pocas páginas como "Pacificación de la Araucanía", y la posterior colonización del sur de Chile por extranjeros. Pero también otra visión aún más desconocida, la de las mujeres de su pueblo.
Graciela recorre la vida de su bisabuela que fue enterrada como Manuela Katrilef, debido a la imposición de llevar nombre cristiano. La pluma de Graciela Huinao se hunde en el espíritu mujeril, el más olvidado dentro de la memoria ancestral de su etnia. Y desde ahí emerge también su reclamo por el machismo de su propia cultura que excluía a la mujer de los diálogos y las decisiones de casi todos los planos de la vida comunitaria. La mujer mapuche que debía aceptar la costumbre del rapto matrimonial, la posterior violación por el futuro marido y hasta su desprecio y lo peor, el estigma de la devuelta, si es que el marido no quedaba satisfecho y devolvía a la mujer. Katrilef fue una devuelta, pero también la hija de una alta autoridad williche, un ülmen, poderoso, rico y sabio del Butawillimapu, hoy conocido como Osorno, desde donde fue testigo y protagonista de un mundo que ya no existe sino que en esa insistente memoria que Graciela Huinao avivó para escribir estas páginas.
A Graciela Huinao desde niña le tiraban las trenzas en la escuela por hablar el mapudungún. Debió emigrar a la ciudad para trabajar como empleada doméstica. Y es la misma autora que es hoy miembro correspondiente por Osorno de la Academia Chilena de la Lengua, la misma institución que en sus 130 años de vida, por primera vez y solo en 2015, invitó a representantes del pueblo mapuche a una conversación en su seno.

 


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