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[Lectura voraz] Weichafe, de Marcelo Leonart

La terrible noche mapuche llega a la noche santiaguina en la voz y en el cuerpo flaco y moreno de Felipe, un “guerrero” de La Araucanía con un nombre que al narrador le suena estúpido, porque es el mismo del rey de España y Las Indias que en el siglo XVI quiso someter a los araucanos con la cruz y la espada.

Apareció de pronto, sin explicación, en medio del living del departamento de una pareja joven y su hijo. De improviso, en plena noche de vino y marihuana, y con una historia siniestra que contar en voz baja, el relato de un incidente trágico ocurrido en el sur, en el corazón de las tierras mapuches.

El relato de Felipe va incendiando la parte inicial de la novela “Weichafe” (Tajamar Editores, 2018; 203 páginas) sección denominada por su autor, Marcelo Leonart, como PRIMERA BATALLA. El departamento / El fuego. Ese primer hilo habla de la quema de una casa patronal en el contexto de la reivindicación de territorios, la cual es habitada por un matrimonio y su hija adolescente. Ella, supuestamente, duerme en el segundo piso y es alcanzada por el fuego, según creen sus padres. Sin embargo, esa noche ha escapado antes del siniestro para tener un encuentro amoroso con un joven mapuche, lo cual la salva de las llamas, pero no de la venganza de los de su propia sangre.

Con atención embobada, escuchan la historia el narrador/protagonista de la novela y su compañera Valentina, junto a Nadia, quien ha sido abandonada por su pareja, Joel, en extrañas circunstancias. En la pieza, dos niños casi fantasmales se duermen con una maratón de Los Simpsons frente al televisor.

De pronto Felipe desaparece, se marcha tal como llegó desde ese departamento que, paradójicamente, mira hacia el Costanera Center. El protagonista es enviado en su búsqueda, misión en la cual termina hallando a otro fantasma: su amigo Joel, quien tiene su propia noche oscura que contar, su propio muerto que llevar a cuestas, ya que atropelló ebrio a un campesino en un camino rural.

Las ficciones de Felipe y Joel tienen rasgos de realidad, que el propio Leonart hace explícitos en las partes finales de la novela: la muerte del joven comunero Matías Catrileo, el Caso Luchsinger-Mackay, y el atropello fatal del que fue responsable el hijo del ex-senador Carlos Larraín.

La violencia rural, la sangre sobre la tierra autóctona, el delirio y la necesidad de evasión y la modernidad de una ciudad en donde el consumo es como un faro omnipresente, atraviesan las páginas de “Weichafe”,  Premio Mejores Obras Literarias 2017, categoría novela.

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