¿Maldito celular?
Entre twittear y revisar Facebook aparece un mundo de entretención ilimitado. Y eso lo veo no sólo en mí, sino que en varios: gente en el metro, en la calle ¿Pero qué pasa cuando el celular comienza a interferir en nuestras relaciones?
En mi vida, el celular es un artefacto indispensable. Si salgo de mi casa sin él, siento la falta y me urge tenerlo cerca. Además, sentir que puedo estar conectada en cualquier parte resulta increíble, sobretodo ahora que es mucho más asequible poder ver en el celular lo que antes sólo se podía en un computador. Entre twittear y revisar Facebook aparece un mundo de entretención ilimitado. Y eso lo veo no sólo en mí, sino que en varios: gente en el metro, en la calle o en clases, anonadados frente a una pequeña pantalla que puede hacer maravillas cuando vamos en un viaje aburrido o tenemos un profesor latero. ¿Pero qué pasa cuando el celular comienza a interferir en nuestras relaciones?
Conocí a mi pololo hace dos años. Siempre ha sido fanático de todo lo que implique juegos, por lo tanto, su celular no se quedaría sin ellos. Los problemas empezaron cuando llegó a sus manos un Blackberry. Después de dejar caer un celular común y corriente por un balcón, no le quedó más que rendirse ante la tentación de comprar el celular que te permite estar conectado en cualquier lugar. Ahí empecé a ver que cada vez que me levantaba de la mesa cuando íbamos a comer, sacaba el Blackberry; cuando estábamos en la universidad conversando con amigos, me daba vuelta, y él miraba la pantalla.
No había lugar ni momento en que soltara el maldito celular. Le contaba algo o le pedía una opinión y no había respuesta inmediata.Yo, siendo bien mina para mis cosas, sentía que hablaba sola y que no ponía atención ni siquiera a las cosas importante que le contaba. Así que le dije que por favor dejara de lado el celular un rato, que las cosas que pasaban ahí podían esperar. Era un campo de batalla seguro, porque él se defendía y yo no echaba pie atrás en lo que pensaba. A veces pensaba que era yo la loca, pero cuando vi que no estaba sola, porque otras personas y amigos empezaron a notar la situación, sentí que no estaba tan equivocada. Yo por lo menos me sentía lejos, porquesentía que se entretenía más en lo virtual que en lo real.
El tema siguió igual, hasta que mi amado novio decidió cambiar la Blackberry por un maravilloso, ultra entretenido y tecnológico iPhone. Juntos conocimos las maravillas del celular multifacético, que te permite tener música, mandar SMS y hablar por teléfono, sin mencionar las mil y una aplicaciones más que existen. Al principio estaba igual de contenta que él, pero luego pensé: “Ahora con esto si que lo pierdo”. No fue para tanto, pero cuando empecé a ver que seguía como atontado por el celular, empezaron de nuevo los problemas. Había momentos en los que ni hablábamos, porque él se encontraba en el “otro mundo”.
Debo decir que llegó un momento en que lo encontré extremo y no lo podía entender, pero después saqué mi lado empático y me puse a pensar en lo que significaría que YO tuviera un celular que me permita todo eso. Quizás me volvería la fan N°1 del Iphone, tal vez no. Sin embargo, siempre he tratado de privilegiar el mundo real y no el virtual. Ver que hay un lindo día que disfrutar, compartir con mi familia y amigos, o simplemente desconectarme un rato de esa red de constante bombardeo de información, para relajarme por un momento.
Al final, con mi pololo llegamos a un acuerdo: No se sacan los celulares cuando comemos, ni cuando conversamos. Fue así como decidimos ocupar los celulares sólo para momentos de verdadero ocio, cuando no hay nada más que hacer. Él ama su celular, lo entretiene, y debo decirlo, hay momentos en los que a mi también me saca de apuros. Pasé de odiar un celular a quererlo, pero con experiencia de por medio. Porque al final el amor significa apreciar y aprender a adorar los defectos y virtudes del que camina de la mano contigo todos los días.
FOTO: http://www.kissmybit.com/wp-content/uploads/2010/08/mobilegirl.jpg
Fuente: http://www.kissmybit.com/2010/08/¿maldito-celular/
Conocí a mi pololo hace dos años. Siempre ha sido fanático de todo lo que implique juegos, por lo tanto, su celular no se quedaría sin ellos. Los problemas empezaron cuando llegó a sus manos un Blackberry. Después de dejar caer un celular común y corriente por un balcón, no le quedó más que rendirse ante la tentación de comprar el celular que te permite estar conectado en cualquier lugar. Ahí empecé a ver que cada vez que me levantaba de la mesa cuando íbamos a comer, sacaba el Blackberry; cuando estábamos en la universidad conversando con amigos, me daba vuelta, y él miraba la pantalla.
No había lugar ni momento en que soltara el maldito celular. Le contaba algo o le pedía una opinión y no había respuesta inmediata.Yo, siendo bien mina para mis cosas, sentía que hablaba sola y que no ponía atención ni siquiera a las cosas importante que le contaba. Así que le dije que por favor dejara de lado el celular un rato, que las cosas que pasaban ahí podían esperar. Era un campo de batalla seguro, porque él se defendía y yo no echaba pie atrás en lo que pensaba. A veces pensaba que era yo la loca, pero cuando vi que no estaba sola, porque otras personas y amigos empezaron a notar la situación, sentí que no estaba tan equivocada. Yo por lo menos me sentía lejos, porquesentía que se entretenía más en lo virtual que en lo real.
El tema siguió igual, hasta que mi amado novio decidió cambiar la Blackberry por un maravilloso, ultra entretenido y tecnológico iPhone. Juntos conocimos las maravillas del celular multifacético, que te permite tener música, mandar SMS y hablar por teléfono, sin mencionar las mil y una aplicaciones más que existen. Al principio estaba igual de contenta que él, pero luego pensé: “Ahora con esto si que lo pierdo”. No fue para tanto, pero cuando empecé a ver que seguía como atontado por el celular, empezaron de nuevo los problemas. Había momentos en los que ni hablábamos, porque él se encontraba en el “otro mundo”.
Debo decir que llegó un momento en que lo encontré extremo y no lo podía entender, pero después saqué mi lado empático y me puse a pensar en lo que significaría que YO tuviera un celular que me permita todo eso. Quizás me volvería la fan N°1 del Iphone, tal vez no. Sin embargo, siempre he tratado de privilegiar el mundo real y no el virtual. Ver que hay un lindo día que disfrutar, compartir con mi familia y amigos, o simplemente desconectarme un rato de esa red de constante bombardeo de información, para relajarme por un momento.
Al final, con mi pololo llegamos a un acuerdo: No se sacan los celulares cuando comemos, ni cuando conversamos. Fue así como decidimos ocupar los celulares sólo para momentos de verdadero ocio, cuando no hay nada más que hacer. Él ama su celular, lo entretiene, y debo decirlo, hay momentos en los que a mi también me saca de apuros. Pasé de odiar un celular a quererlo, pero con experiencia de por medio. Porque al final el amor significa apreciar y aprender a adorar los defectos y virtudes del que camina de la mano contigo todos los días.
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Fuente: http://www.kissmybit.com/2010/08/¿maldito-celular/
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