Campeones mundiales de la solidaridad, pero sin principios

Suspiros que hacen temblar el aire etero (Dante - La Divina Comedia). No me interesaba ver el "Show de la Solidaridad", y llorar a mares, afortunadamente me encontré con el programa "Megaconstrucciones". Por Eduardo Osorio
Imagen de Corresponsal El ParaDiario 14
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09 de Marzo, 2010 12:03
Por Eduardo Osorio
Queriendo ser yo mismo, no miraba el show de la solidaridad este sábado, sino que pinchaba y pinchaba canales del cable mediante el bendito control remoto en casa de mi hermana, que emocionada con los casos expuestos por Don Francisco y su equipo, lloraba a mares en su dormitorio ante la otra pantalla, hasta que me encontré con el programa “Megaconstrucciones”, animado por una voz en off, de esas bien mexicanotas, pero que describía en magnífica forma las imágenes que mostraban las bases de las torres gemelas de Malasya, las más altas del mundo, desde su génesis.
Así me enteré que lo primero que hicieron dos ingenieros americanos, con pinta de ser los calculistas, y “capos” en la materia, de lentes y calvicie prematura, descuidados al vestir, pero muy seguros en su actuar, fue cavar una fosa de 120 metros de profundidad, hicieron mil exámenes al terreno, rellenaron el hueco con toneladas y toneladas del mejor cemento, y para que fraguara como debiera, no escatimaron gastos en comprar el equivalente a 50 carpas de circos gigantes, cuando la lluvia de esa parte del mundo se dejó caer, y hasta aplicaron la temperatura adecuada a la fragua, base de las torres.
No sigo con eso, pero una caminata por Viña o Santiago, me ha hecho, recuerdo entre los pasajes de mi memoria laberíntica, observar de vez en cuando los “tímidos” hoyos base de los modernos edificios, que plagan Chile, y también como cuando llueve, se suspenden los trabajos, salvo los bajo techo y la intemperie delata al cemento fresco, pero bueno, no soy ingeniero, menos calculista, salvo que una casa de Constitución mostraba ladrillos rellenos con papel y no mezcla, como que éstos a su vez no son bien cocidos, se trizan o quiebran a la primera, y colorín colorado...
NOSOTROS LOS DE ENTONCES YA NO SOMOS LOS MISMOS…
Habiendo quienes profesan la literatura en este país que ha perdido la senda de sí mismo hace rato, y no entienden lo que quiso decir Neruda en ese momento de iluminación divina, también me reconozco incapaz de entender porque imitamos la cáscara, pero no el contenido, lo que todo arreglamos con una buena Teletón, y la que he debido continuar viendo ahora, por insinuación de mi hermana y no resultar una visita non grata.
Animada por el dúo de don Francisco y su hija, veo traspasan la meta, congregan a un país, ciertamente logran el objetivo de ayudar, pero de paso ¡que paso!, se nutren del aplauso y los abrazos que son el alimento para sus egos artísticos, pero que ¡Dios me libre!!, que será de ellos cuando Papá, tal como Valentín Trujillo al que le dio una mano, en el “Festiviña” pantalla gigante y antorchas incluídas, se encuentre en las Termas del Olvido, luego de 60 años de fama.
¡Gracias, Chile lo agradece, los chilenos se lo agradecemos don Francis!
Chilenos que insisten en vender su casa, patrimonio familiar, y negocio redondo, ubicada estratégicamente en un terreno de 25 metros por 25 metros, a un paso del centro, para que la Constructora ofertante, corrupta ella, le ofrezca equis cantidad y un departamento con vista al mar o al Club Hípico, luego de terminar el edificio en tiempo récord, así, angostito no más, sin análisis de terreno, y con el menor número de sacos de cemento, arena de la mala, y trabajando hasta con lluvia, mientras los inocentes tarros choqueros de los obreros, hierven sobre la fogata de leña de los palos que sobran de las terminaciones, y que vuelven a casa a eso de las siete sobreexplotados, apretujados en un Transantiago, comentándole a su esposa en la promiscuidad nocturna de sus casas de población: “fíjate que el edificio va a quedar super bonito, pero me tinca, que con un terremoto se viene guardabajo, porque tiene una base de diez metros, y para mí que la arena es de mar…”
CUANDO LOS ARBOLES NO DEJAN VER EL BOSQUE COLOR ESPERANZA
Diego Torres, el argentino, y representando a un país cuya Presidenta donó diez hospitales de campaña antes de la primera réplica, y autor del icónico "Color Esperanza", cierra, como no, el espectáculo aunque él sabe bien, que en la provincia norteña de Formosa su Argentina misma, la destrucción, el abandono, la falta de trabajo, y la desnutrición de niños y adultos bien aconsejan veinte hospitales, miles de kilos de arroz, y harta agua potable.
¡Cerramos con el himno nacional!, ordena el Director de TV central, y manda una bandera chilena al escenario, mientras corre a instalarse detrás del presidente electo, mejor dicho ubica su rostro atrás entre éste y la Presidenta, sin ellos darse cuenta siquiera, un humorista que hace poco jalaba cocaína en los cuarteles de la Policía civil, con detectives drogadictos, y a los que echó al agua a la primera, quienes no conservaron su trabajo y quedaron al margen de la sociedad honesta, y no obstante el escándalo, le permitieron a él rehacerse, estar hasta más gordo, y colaborar en estas gestas de solidaridad, además de limpiar su imagen.

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