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Al parecer ya estamos tan habituados a los adelantados de siempre, que ya no nos damos cuenta de ello y lo vemos con tanta naturalidad que nos pasa desapercibido. Por Omar González Hurtado.
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Escrito por Corresponsales El Paradiario 14
De esta manera recientemente, apenas reconocida la elección del nuevo Presidente de la Republica, de inmediato se comenzó a hablar de un posible gabinete. A dos meses de iniciarse las clases en el ámbito escolar, las vitrinas ya estaban arregladitas y repletas de muestras de uniformes escolares, junto a las librerías y locales grandes y pequeños vendiendo todo tipo de útiles.
En los meses de octubre y noviembre de cada año comienzan a aparecer por todas partes la exorbitante cantidad de artículos para regalos de navidad. Sucede lo mismo en Agosto, mucho antes de celebrarse el mes de la patria, nace el patriotismo y junto con escuchar música chilena por doquier, igualmente las vitrinas y negocios comienzan a aparecer adornos de guirnaldas y banderitas chilenas, en todas partes.
Mucho antes que llegue el verano o el invierno igualmente se produce el consiguiente adelantamiento de los más diversos artículos para la época. Y LA COSA SUMA Y SIGUE, aun no terminamos un periodo y ya entramos o mejor dicho nos hacen entrar en otro, aun “sin querer queriendo” como se dice en el popular programa del Chavo del Ocho.
¿Es que en Chile vivimos un país de adelantados? El tema es que de esta manera la vida va generando así en cada persona y en cada grupo familiar en forma paulatina un claro clima de estrés que se hace irresistible, tremendamente insoportable.
No soy sociólogo, psicoanalista ni empresario, pero creo que por ahí va la cosa, obviamente vamos de mal en peor, en desmedro de la salud física y mental de todos los chilenos. Sabemos ciertamente que vivimos un mundo convulsionado, en que la tecnología, la ciencia y el avance social y cultural se mueve aceleradamente, pero junto con ello creo sinceramente que se ha ido perdiendo la verdadera dimensión de la existencia humana, haciéndola cada día menos llevadera, cada vez mas presionada, viviendo aceleradamente, corriendo cada día como locos de un lado para otro. En las oficinas, en el mundo laboral o en las empresas para que decir, las tareas y trabajos ya no son para mañana, se requieren para ayer.
Todo se confabula en contra del buen vivir del ser humano, lo cual gracias a las múltiples necesidades económicas que cada día son más urgentes, debemos soportarlo quiérase o no, a fin de responder a esta exacerbada competencia de productividad, que no hace vivir una vida cada vez más angustiante, plena de ansiedad y desazón, y después comentamos muy sueltos de cuerpo… ¡es que existe un grave problema de depresión!
Este mundo que hoy vivimos francamente me hace recordar algunos pasajes de Erick Fromm que ya hace ya unos buenos años identificaba al hombre por su pasividad y con los valores del mercado, porque el hombre decía: “se ha transformado a sí mismo en un bien de consumo y siente su vida como un capital que debe ser invertido provechosamente. El hombre se ha convertido en un consumidor eterno y el mundo para él no es más que un objeto para calmar su apetito, viviendo en una sociedad que cooperen dócilmente en grupos numerosos que quieran consumir más y más, cuyos gustos estén estandarizados y que puedan ser fácilmente influidos y anticipados”.
En tal sentido sería bueno hacer un alto en el camino y reflexionar un poco para poner en práctica algunos de esos tantos mensajes hermosos que circulan en internet, como por ejemplo; “darnos el tiempo suficiente para sentarnos a la mesa en familia, al menos una vez por semana para conversar, sin responder a los teléfonos mientras comemos, para que los únicos ruidos que se escuchen sean los de nuestras voces. Crear ambiente de hogar en nuestras casas, con olor a comida, cojines aplastados y hasta manchados, cierto desorden que acuse que ahí hay vida. Tener contacto con la naturaleza, Jugar, reírnos y darnos el tiempo de compartir con los nuestros, con nuestros mayores disfrutando de su sabiduría, compartiendo con nuestros hijos, tratando de crecer su espiritualidad, dosificar la tecnología y dar paso a la conversación, a los juegos "antiguos", a los encuentros familiares, valorando la intimidad, el calor y el amor dentro de nuestras familias, intentando ser felices” (Pilar Sordo
¿No cree usted amigo lector que es como para pensarlo?
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