Chile & Chilenos: "Desnudando Debilidades"...
No estoy contra la modernidad. No estoy contra los progresos sociales ni comunicacionales. Pero sí estoy contra la decadencia valórica de cierta televisión de los nuevos tiempos. ¿Y usted? Por Marcelo Fernández
Creo que es fácil comprobar como los “realities” desnudan debilidades de nuestra sociedad, dando tribuna muchas veces a bajos valores del ser humano; como por ejemplo complotar contra sus pares en pos de un éxito personal.
A veces 50 millones de pesos son un buen incentivo para traicionar a un amigo. Total por mucho menos, Judas ya lo hizo con Cristo.
Ver como se confabulan supuestos “hasta ayer amigos”, para dejar fuera del camino o “eliminar” a quien en futuras vueltas podría amenazar y potencialmente hacer peligrar su anhelado premio millonario, en reality me deja mucho que desear.
Mientras se hacen esfuerzos por lograr una imagen de país enfocada en la transparencia y la probidad, nuestros realities nos devuelven bruscamente a la realidad como lo dice su nombre, y nos encontramos que no somos nada más que una sociedad sonriente al saludar, pero en la íntima soledad de nuestros pensamientos, somos mucho menos que eso.
Me indigna la divulgación de la monitorizada realidad de un grupo de ciudadanos que no son más que “transitorios actores”, que reciben millones mensuales por elaborar la mejor estrategia para conseguir un premio como 10 veces mayor al “sueldo de encierro”.
¿Por que no hacer un efectivo reality de los niños que viven bajo los puentes del Mapocho? ¿ O de aquellos compatriotas que aún viven en “casas” de tablas y cartón?¿ O de aquellas madres que concurren de amanecida a un policlínico periférico para ser atendidas muchas horas después obteniendo “victoriosas” el mágico y ansiado Paracetamol para su enfermo bebé?. Todas realidades que de vez en cuando vemos en un reportaje – denuncia esporádico, pero que no tienen la cobertura de un producido estelar televisivo. ¿Cómo sería un reality de 4 meses en los suburbios, en la pobreza, en la necesidad?. Creo que sería mucho más real (pero menos comercial) que un programado encierro con sueldo pactado, en una casona que pareciera ser casi histórica y por lo mismo no merece tener entre sus añosas habitaciones, una lujosa suite del siglo 21.
La búsqueda del éxito determinado por el rating no escatima en esfuerzos, aunque ello conlleve no sólo volver a la usanza de 100 o 200 años atrás, sino que también nos hace retroceder en valores humanos... pero muchísimos años más atrás.
También se han expuesto aristas que tangencialmente tocan la vida militar. Rutinas que yo tanto atesoré y dimensioné tras las paredes del regimiento en que como adolescente me correspondió cumplir con un agotador Servicio Militar de Estudiantes. Algunos aspectos que eran casi como una comunión interna entre nuestros superiores y nosotros hoy también se han farandulizado; pensar que hacíamos tiburones (y mejores) en forma anónima y gratuita... Incluso ahora con baños mixtos, una pseudo instrucción que me imagino hace innecesario el mistificado uso de “piedra lumbre” entre los reclutas.
Creo que en esta guerra de los realities se está llegando muy lejos.
Estrategias (o mejor dicho maldad) televisadas. Duchas televisadas. Pasiones televisadas. Sexo televisado. Sólo quedamos a la espera de... muerte televisada.
Porque hay pruebas de destrezas y habilidades cada vez más riesgosas, y cuando alguien sufra un accidente grave, y quizás mortal, creo que los productores habrán llegado al ansiado y triunfal “rating 100,0”.
Foto: Televisión
A veces 50 millones de pesos son un buen incentivo para traicionar a un amigo. Total por mucho menos, Judas ya lo hizo con Cristo.
Ver como se confabulan supuestos “hasta ayer amigos”, para dejar fuera del camino o “eliminar” a quien en futuras vueltas podría amenazar y potencialmente hacer peligrar su anhelado premio millonario, en reality me deja mucho que desear.
Mientras se hacen esfuerzos por lograr una imagen de país enfocada en la transparencia y la probidad, nuestros realities nos devuelven bruscamente a la realidad como lo dice su nombre, y nos encontramos que no somos nada más que una sociedad sonriente al saludar, pero en la íntima soledad de nuestros pensamientos, somos mucho menos que eso.
Me indigna la divulgación de la monitorizada realidad de un grupo de ciudadanos que no son más que “transitorios actores”, que reciben millones mensuales por elaborar la mejor estrategia para conseguir un premio como 10 veces mayor al “sueldo de encierro”.
¿Por que no hacer un efectivo reality de los niños que viven bajo los puentes del Mapocho? ¿ O de aquellos compatriotas que aún viven en “casas” de tablas y cartón?¿ O de aquellas madres que concurren de amanecida a un policlínico periférico para ser atendidas muchas horas después obteniendo “victoriosas” el mágico y ansiado Paracetamol para su enfermo bebé?. Todas realidades que de vez en cuando vemos en un reportaje – denuncia esporádico, pero que no tienen la cobertura de un producido estelar televisivo. ¿Cómo sería un reality de 4 meses en los suburbios, en la pobreza, en la necesidad?. Creo que sería mucho más real (pero menos comercial) que un programado encierro con sueldo pactado, en una casona que pareciera ser casi histórica y por lo mismo no merece tener entre sus añosas habitaciones, una lujosa suite del siglo 21.
La búsqueda del éxito determinado por el rating no escatima en esfuerzos, aunque ello conlleve no sólo volver a la usanza de 100 o 200 años atrás, sino que también nos hace retroceder en valores humanos... pero muchísimos años más atrás.
También se han expuesto aristas que tangencialmente tocan la vida militar. Rutinas que yo tanto atesoré y dimensioné tras las paredes del regimiento en que como adolescente me correspondió cumplir con un agotador Servicio Militar de Estudiantes. Algunos aspectos que eran casi como una comunión interna entre nuestros superiores y nosotros hoy también se han farandulizado; pensar que hacíamos tiburones (y mejores) en forma anónima y gratuita... Incluso ahora con baños mixtos, una pseudo instrucción que me imagino hace innecesario el mistificado uso de “piedra lumbre” entre los reclutas.
Creo que en esta guerra de los realities se está llegando muy lejos.
Estrategias (o mejor dicho maldad) televisadas. Duchas televisadas. Pasiones televisadas. Sexo televisado. Sólo quedamos a la espera de... muerte televisada.
Porque hay pruebas de destrezas y habilidades cada vez más riesgosas, y cuando alguien sufra un accidente grave, y quizás mortal, creo que los productores habrán llegado al ansiado y triunfal “rating 100,0”.
Foto: Televisión
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